De vez en cuando, amigos, debo dejar a un lado http://elanaquelperdido.com para venir aquí a despotricar algo más libremente, a decir eso que se piensa y se siente sin importar incluir un par de palabras soeces y malintencionadas, de esas que tan necesarias resultan en ocasiones. Hoy, como no podría ser de otra forma, se da el caso, y el caso es el siguiente.
Siendo un púber inexperto (véase poco tiempo atrás), decidí que una buena forma de invertir el dinero de la beca universitaria de primer curso -nada menos que 2500 euros-, era comprarme una por aquel entonces obesa y flamante PS3, que había sido convenientemente rebajada de su precio desorbitado de 600 euros a su desorbitado precio de 500. El caso es que me planto en el siempre cercano y cómodo eroski de al lado de casa, y desembolso el oro a cambio del maquinón.
Y ahí estaba, flamante en mi estantería esperando a ser embutida con juegos en formato blu-ray, de esos en los que caben más datos de los que una cabeza humana corriente es capaz de procesar. Pero claro, no todo iba a ser del color de las rosas, y debido a un embuste trágico del destino, España entró en una de las peores crisis económicas que se recuerden, y la videoconsola gorda comenzó a peligrar delsde el mismo día que quise salir un sábado y no encontré calderilla en mis bolsillos.
No obstante, a base de tenacidad y alguna que otra lágrima, conseguí retener el aparato en mi posesión algún tiempo, hasta que llegó un fatídico día, un día nefasto para el calendario mundial en el que entre otras cosas en Alcoy cantan el himno de fiestas y esas cosas. Y no digo nefasto porque me desagrade, que todo lo contrario, sino porque lo desagradable es que llegue ese día, y te encuentres con que son las primeras fiestas de moros y cristianos que libras en años, y no tienes ninguna cheque con el que avalar tus tan ansiadas borracheras.
Hay que hacer algo, por muy mal que me sepa. Una play va y vuelve, pero unas fiestas con 21 años no se tienen todos los días. Entre estos y otros argumentos lastimeros me debatía, y todo parecía indicar que la consola estaba finalmente condenada, y que nada iba a salvarla. Pero entonces algo ocurrió, y eso que dicen de que en los tiempos de crisis el ser humano demuestra su valía se hizo palpable por un momento. Llené una bolsa negra con el susodicho artículo para vender, y partí hacia una tienda de Game, 22 menos cuarto de la noche y ojos llorosos.
Vendí lo que contenía la bolsa negra, una de esas de plástico duro que no se rasgan ni a navajazo de gitano, y tras hacer mi turno de noche en el centro comercial donde trabajo, volví a casa amparado por el cobijo de la nocturnidad y alevosía. Entré a mi habitación y alli estaba, en la misma estantería de siempre, mi obesa y sobrealimentada PS3 de 60 GB, y una sonrisa apareció en mi rostro. Lo había logrado de nuevo, y sentí una joya similar a la del músico que empeña su guitarra y la recupera días después.
¿Cómo lo logré? ¿Qué había en la funesta bolsa negra de plástico? Pues lo logré con algo de inventiva, y en la bolsa había dos mandos Dual Shock 3 inalámbricos y todos los juegos en formato blu-ray de que disponía (menos el MGS4, que ahí si que hubiese llorado). Resultado final: una PS3 paralítica pero viva, y unas fiestas irrepetibles. Si es que quien dice que no se puede tener todo, es que no se ha parado a pensar en una soluciuón intermedia. Que viva la crisis, que vivan las fiestas, y sobretodo que viva la inventiva.
Escrito por elotrofausto 