Una historia sobrecogedora, la de estos niños, que quisieron plasmar sus últimos días de vida.
Todos hemos visto, leido y escuchado miles de historias sobre el holocausto nazi, y sin embargo es algo que sigue conmocionándonos profundamente. Lo más aterrador es saber que el ser “humano” fué capaz de hacer algo semejante, y los pelos se nos ponen de punta cuando profundizamos en las historias anónimas de miles y miles de personas que murieron sin motivo alguno.
Soña Valdsteinová
(Nacida Nov. 20, 1926)
Una historia poco conocida es la del campo de concentración de Terezin. Donde los niños, llegados allí en espera para ser transladados a Auswitch, dibujaron todo cuanto veían empujados por su mentora (también recluida en el Guetto), Friedl Dicker-Brandeis. Todos los dibujos de la colección, que desde que acabó la guerra se pueden ver en el Museo Judío de Praga, fueron realizados en solo dos años, entre 1942 y 1944.
Friedl Dicker-Brandeis logró rescatar unos 4500 de aquellos dibujos antes de caminar hacia el patíbulo. Más tarde, esos mismos dibujos servirían como prueba en el juicio de Nuremberg.
Dicker-Brandeis, en un intento por lograr que aquellos niños se desahogaran, que no guardaran dentro de su interior frágil todas aquellas vivencias horribles, les animo a dibujar, a dibujar todo cuanto vieran, dándoles así una puerta para expresar sus frustraciones, sus sentimientos, sus emociones. Aquello probablemente ayudo a más de uno de aquellos niños a soportar el día a día en aquel infierno.
Sus dibujos, de una crudeza sobrecogedora, muestran su eterna esperanza por volver a casa. En muchos de ellos se observan señales en cruces de carreteras, donde se puede leer: Praga.
Solo unos cuantos, sin embargo, lograron cumplir su sueño, y volver al anhelado hogar.
Escrito por elotrofausto 